Periodismo del Siglo XXI: ¿Es posible una democracia digital en el futuro inmediato?

El periodismo está pasando por una etapa de cambios, de modificaciones, de autocrítica y de una reconfiguración que se está haciendo constante. La razón central se debe a que las tecnologías de la información y su consecuente avance en los paises desarrollados está replicando en las naciones sudamericanas. Términos como Community Manager, Social Media Manager, Social Strategist, marketing digital, publicidad digital, blogging y microblogging son algunos de los vocablos que debe ser si o si asimilados y comprendidos por las personas que impulsan esta profesión.

En la edición de Periodismo Disruptivo se deja en claro que no sólo se está produciendo un efecto cascada sino que también se redefinen cuestiones vinculadas con la práctica, la ética, las métricas de Google y  ahí entran a jugar un papel preponderante Facebook, Instagram, Google +, Twitter, Linkedin, Pinterest, Flickr y Youtube. En estas redes sociales podemos hallar un gran número de personas que opinan, que vierten su pensamiento con respecto a una determinada problemática y que buscan una retroalimentación constante (entendiéndose como un diálogo férreo entre un usuario y la empresa) con el firme objetivo de concretar un intercambio que si bien es cierto cumplirá un fin comercial, también producirá un ida y vuelta rico en cuanto a contenidos en el que ambos intérpretes desplegarán la tolerancia y la comunicación propiamente dicha.

El auge y el pleno apogeo de las redes sociales hizo que naciera el Community Manager como disciplina que ayude y asista, permanentemente, al marketing ante la implosión de las herramientas digitales anteriormente mencionadas. Allí cobra importancia las comunidades, los usuarios que pasaron de ser sujetos pasivos (en el Siglo XX) a erigirse como sujetos activos, es decir que el modelo comunicativo mutó a la multidireccionalidad y al intercambio constante. En épocas anteriores, los gobiernos y los medios de comunicación elaboraban un mensaje que llegase con suma eficacia a las ciudadanos, quienes no tenían discernimiento alguno sino que tomaban el mensaje como tal para luego tomar decisiones. Actualmente el conocimiento, la información y la tecnología se han democratizado de tal manera que ahora los usuarios exigen nuevos contenidos ante una capacidad crítica imperante (son los menos) y una capacidad de discernimiento que contribuye, enteramente, al nacimiento de una posible democracia digital. Sin embargo, y por más que algunos especialistas hagan todo para que se lleve a cabo este hecho, la realidad indica que no todos cuentan con acceso a las nuevas tecnologías y lo que es peor es que no cuentan con el nivel de instrucción adecuado. Esto no sólo ocurre en Argentina sino en la mayoría de los países pertenecientes al Cono Sur. Apelando al sentido común, se puede afirmar que para contar con un pensamiento crítico, hay que contar con conocimiento capaz de cuestionar las maneras, los intereses y el fin de estas instituciones a la hora de dar a conocer un mensaje en sus distintas variantes.

Sin la necesidad imperiosa de entrar a un terreno que obedece a los sistemas políticos comparados, es de vital importancia contar con una democracia digital capaz de ubicarse como un contrapeso frente a un Poder Político que no conoce de límites ya que su aparato se extiende a ámbitos que, hasta el momento, eran considerados autónomos. Sólo de esa forma podrá funcionar la tríada: Autoridad política, asignación imperativa de valores y la comunidad política.

 

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