Chechenia: la hija rebelde de Rusia

El punto de inflexión fue el derrumbamiento de la Unión Soviética en 1991. Ese Estado Supranacional que, en la Guerra Fría, reflejaba estabilidad y convicción ideológica, se hacía añicos poco a poco. La principal ceniza o resabio latente que dejó la URSS en la zona caucásica es Chechenia. Antes de eso, la región del báltico había declarado su emancipación de la nación soviética: Estonia, Letonia y Lituania.

mapa-chechenia

Ubicación geográfica de Chechenia / Fuente: Google

A la hora de escribir estas lineas, me encontré con un “mar” de conceptos y aristas para el abordaje minucioso del caso controvertido que es Chechenia: a) El tráfico de armas,   b) El transporte del petróleo a través de un oleoducto, c) La aparición de mafias, d) La presencia de mercenarios y grupos ultranacionalistas. Estas partículas que conforman la dimensión geopolítica de esta república, encierra dentro de sí un monstruo indomable: el conflicto étnico-cultural. Dicho concepto fue un común denominador en casos como Kosovo y los famosos embates que sucedieron en la ex Yugoslavia.

¿Cómo se unió el Cáucaso a la URSS?

La Revolución rusa derivó a que en 1920 se suprimiese el emirato del Cáucaso Norte. Dos años más tarde, en noviembre de 1922, pasó a ser una región autónoma y, finalmente, en 1934, Joseph Stalin la unió a Ingushetia. Pero no sería hasta diciembre de 1936 cuando se le otorgaría el rango de república (aunque no al mismo nivel administrativo que Georgia o Armenia, cuestión que después sería el argumento fundamental para que el territorio quedara en los límites rusos). Sin embargo, la invasión de la Unión Soviética por parte de la Alemania nazi el 22 de junio de 1941, hizo que la situación se viese alterada. La ocupación de una parte del Cáucaso por parte de Alemania en 1942 condujo a que, tras su liberación, Stalin juzgara que los chechenos e ingushes habían colaborado con el nazismo (al igual que a los tártaros de Crimea). Por ello, la casi totalidad de la población fue expulsada y deportada a Asia central. Tras la muerte de Stalin, Nikita Jruschov rehabilitó a estas poblaciones y, en 1957, pudieron regresar a sus territorios.

¿Qué pasó después de 1991?

En 1990, el movimiento nacionalista checheno abogó por la autodeterminación, eligiendo como presidente a Dzhojar Dudáyev.

Tras la disolución de la URSS, Chechenia no firmó el Tratado de la Unión y se separó de Ingushia. En primera instancia recibió las bendiciones de Boris Yeltsin. Se disolvió el Soviet y el Parlamento proclamó la independencia de Chechenia. Las medidas adoptadas por el Gobierno ruso no fueron contundentes: aunque no se reconocía oficialmente su soberanía, se adoptaban decisiones que parecían dar a entender que se aceptaba, pactando incluso, la retirada de tropas rusas del suelo checheno.

Pero sobre esa semi-independencia chechena pesaba la falta de un reconocimiento internacional. La actitud autoritaria del presidente Dudáyev, ante la falta de una tradición democrática, acrecentó el propio carácter anárquico de la sociedad chechena.

Primera guerra de Chechenia (1991-1994): La oposición política a Dudáyev, además, venía siendo amparada por Moscú, que había intentado apartarlo del poder sin conseguirlo. El caso más notorio fue cuando la oposición intentó tomar por la fuerza el Palacio Presidencial de Grozni, símbolo del poder, además de asaltar la televisión chechena. Las condiciones de la vida en Chechenia empeoraban (se había fortalecido el mercado armamentístico ilegal).

Primera Guerra de Chechenia / Fuente: Google

Primera Guerra de Chechenia / Fuente: Google

En diciembre de 1994, Yeltsin daba el visto bueno para el inicio de las operaciones militares en la zona (creía que iba a ser un paseo militar). Se justificó la intervención aduciendo fines honorables: pacificar la zona y restaurar el orden frente a la arbitrariedad de las mafias. Además, la intervención demostraría que Rusia era una potencia capaz de responder con fuerza a cualquier amenaza; y advertía a los territorios convulsos de Asia que se cerraba a una posible vía chechena.

Chechenia no era un país propiamente rico, sin embargo, su posición era clave en el control de la arteria principal, el oleoducto BakúNovorossiisk.

El Kremlin, de todos modos, había apoyado a aquellos sectores de la sociedad contrarios a Dudáyev. Esto posibilitó, a su vez, un cierto debilitamiento entre las diversas facciones que parecían ofrecer el cariz de una guerra civil, aunque también propició una “prolongada guerra de guerrillas”, que desgastó al ejército ruso.

El férreo control de los medios fue otra guerra paralela y encubierta para imponer una visión del conflicto que, además, estaba teñida por las prácticas desarrolladas de guerra sucia contra la población civil (con bombardeos indiscriminados, violaciones, torturas, detenciones arbitrarias, asesinatos, etc.). Los rusos quisieron ocultarlo para evitar crear una mala imagen, mientras que la guerrilla chechena, interesada en revelar estas atrocidades, permitía la libertad de movimientos para una prensa internacional.

Durante esta primera etapa del conflicto, la mayor parte de los clanes (teip) chechenos se organizaron en un frente común, aunque operasen de forma independiente, contra el invasor ruso. Practicaron una eficaz aunque brutal guerra de guerrillas que derivó en un triunfo militar. La campaña fue dura pero exitosa. El Gobierno ruso, para justificar su fracaso en el control del territorio, habló de miles de combatientes, incluidos mercenarios y criminales, que apoyaban la causa chechena sin explicar sus motivos. Del mismo modo, no se usó la palabra guerra porque se trataba de una operación de seguridad.

Las tropas rusas que habían ocupado Grozni a sangre y fuego fueron obligadas a retirarse ante la presión guerrillera. Se consiguió un acuerdo en el que los chechenos entregarían sus armas a cambio de la retirada paulatina de las tropas rusas. En un acuerdo posterior, se arregló que se congelaban las pretensiones soberanistas chechenas hasta 2001, cuando se convocaría un referéndum, en el que se decidiría la suerte de la República.

La segunda guerra de Chechenia (1999-2003): En septiembre de 1999, se produjeron una serie de atentados en Moscú, Buinaksk y Volgodonsk, que causaron trescientas víctimas mortales y, presuntamente, se culpó a una partida de terroristas chechenos de lo ocurrido, lo que polarizó en su contra a la opinión pública rusa. A pesar de las dudas sobre la autoría de los atentados, ya que no se demostró si habían sido chechenos, Vladimir Putin, que acababa de ser elegido presidente, prometió acabar con la “lacra terrorista”.

Putin exigió al Presidente de Chechenia, Aslan Masjádov, la entrega inmediata de los sospechosos, aunque nadie sabía quién había encabezado las acciones terroristas en Rusia. Pero su negativa fue la excusa para dar luz verde a una operación militar.

Un joven Putin le declaraba la guerra a Chechenia / Fuente: Infobae

Un joven Putin le declaraba la guerra a Chechenia / Fuente: Infobae

El Gobierno de Putin, que contaba en ese momento con el favor de la mayoría de los medios de comunicación públicos, capitalizó el frontal rechazo al terrorismo por parte de la sociedad rusa, manipulando los acontecimientos. Chechenia seguía siendo “la asignatura pendiente de Rusia” y las operaciones se realizaron con mayor inteligencia que la anterior. Grozni, pieza clave, fue nuevamente asediada pero de manera más selectiva y eficaz. Una vez controlada la mayor parte del país, la autoridad pasó a depender del Servicio Federal de Seguridad, con el fin de acabar con las supuestas bases terroristas en Chechenia.

En consecuencia, de esta segunda intervención, Chechenia perdió “casi todo lo que asociamos con un Estado moderno: el gobierno, la economía, la vivienda, el poder y la asistencia sanitaria”. Para Rusia significó resarcirse de una flagrante derrota y para Putin, en particular, significó la reafirmación de su autoridad. El problema fue (y es) que había generado entre los rusos un odio a los chechenos enorme y a todo lo caucásico. Tampoco se reconoció la violación sistemática de los derechos humanos, perdiendo los chechenos todas sus garantías legales.

El gobierno ruso utilizó las debilidades chechenas, su división en clanes, para favorecer sus planes de control y estableció una administración con un gobierno pro-ruso.

Varios atentados suicidas, un ataque al metro de Moscú, los terribles hechos del teatro Dubrovka en Moscú (2002), donde murieron 119 rehenes pero, sobre todo, la masacre en la escuela de Beslán (2004), con el resultado de cerca de un millar de niños fallecidos, fueron los últimos intentos del líder Basayev (finalmente asesinado) para impulsar al Kremlin a negociar una paz.

Para 2003, como señala el analista Simón Saradzhyan, la guerra de Chechenia era un conflicto de baja intensidad. Rusia quiso dotarla de normalidad democrática, lo que derivó en la celebración de unas elecciones vigiladas por Moscú. Se aprobó una Constitución en la que, de hecho, se abolía la ciudadanía chechena y dejaba en manos del Parlamento ruso el poder ejecutivo y legislativo.

Las condiciones de la población civil alcanzaron unos límites insospechados de penuria y pobreza. Lo peor fue que los organismos internacionales se abstuvieron a realizar una denuncia radical de la brutalidad empleada, como si fuese una cuestión interna rusa.

Finalmente, el 16 de abril de 2009, el Kremlin puso fin a la operación antiterrorista en Chechenia que “contemplaba, entre otras cosas, toques de queda, controles, restricciones de movimientos, escuchas telefónicas y también restricciones a los periodistas”

¿Qué ocurre en la actualidad?

En la actualidad y, como adelantaba en el preámbulo de este artículo, existen grupos subterráneos y con intereses oscuros que se nutrieron de esta cuestión bélica. La carrera armamentística sostenida y enraizada en el ADN de la URSS (1947-1989), fue ampliamente aprovechada por las mafias y los grupos ultranacionalistas. Es más, teniendo en cuenta la arista geopolítica, la región de Chechenia es considerada un paso para el tráfico de armas y el contrabando. Cuando Dudayev disolvió el parlamento, se militarizó la sociedad y entonces determinó la formación de una boca de expendio de ganancias para los bandos que permanecían fuera de la ley.

El solo hecho de que Chechenia haya pertenecido a un Emirato del Caúcaso, hizo que algunos ciudadanos chechenos miraran con simpatía la jihad islámica en Siria e Irak. Actualmente el ISIS tiene presencia allí y, de esa manera, no detiene su pretensión expansionista. Vladimir Putin podrá presumir que logró una cierta estabilidad política, ubicando a un hombre de confianza como Razman Kadirov a cargo del área gubernamental de Chechenia. Pero todavía queda mucho por hacer ante la presencia constante de grupos separatistas y una posible célula del ISIS.

Es necesario aclarar que Chechenia es una República constituyente de Rusia. En otras palabras, apunta a que no es un Estado de derecho con plenas libertades y obligaciones sino que continua perteneciendo al gobierno central ruso, constitucionalmente hablando.

Edición: Jessica Eliana Petrino

Fuentes:

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