El café de la actualidad: Martín Miguel de Güemes

En la percepción de cada uno de los ciudadanos argentinos que componen esta imponente República, los feriados implican descanso, visitar a los familiares y realizar todo tipo de actividades recreativas tendientes a la distensión y al ocio. Sin embargo, la conmemoración del fallecimiento de Martín Miguel de Guemes no es una fecha más. Las razones son diversas y una de ellas es que este personaje histórico contribuyó, enormemente, a la consolidación de las campañas independentistas comandadas porManuel Belgrano y por el general José Francisco de San Martín. El enemigo por excelencia durante esta década fueron los realistas, es decir el ejército español que buscaba avanzar en tierras del Virreinato del Río de La Plata (fundado en 1776) y ejercer dominio. ¿Las razones? Muy sencillas: España era una potencia expansionista al igual que Inglaterra, Portugal y Francia que tenían ambiciones territoriales y de recursos que sirvieron para abastecer a cada una de las monarquías que luego se transformaron en estados modernos (la toma de la bastilla fue el punto de inflexión).

 

Teniendo en cuenta este contexto y sumado a la injerencia de Inglaterra en cuestiones económicas, traducidas en el contrabando, hizo que los vecinos de Buenos Aires tomaran la decisión de luchar y defender lo suyo. Allí actuó Martín Miguel de Guemes quien sirvió a los intereses de la Patria y siguió todos y cada uno de las órdenes de Manuel Belgrano. Guemes fue un factor importante desde el punto de vista estratégico y de defensa, ya que él y sus “Infernales” resguardaron los territorios de Salta. Esto generó seguridad y afianzamiento de los planes militares de un San Martín, quien posteriormente dotó a todos los soldados del Ejército del Norte de una formación de caballería francesa. 

 

Martín Miguel de Güemes fue el líder de la guerra gaucha que frenó el avance español con sus tácticas guerrilleras. Nació en Salta el 8 de febrero de 1785 .Estudió en Buenos Aires, en el Real Colegio de San Carlos. A los catorce años ingresó a la carrera militar y participó en la defensa de Buenos Aires durante las invasiones inglesas como edecán de Santiago de Liniers. En esas circunstancias fue protagonista de un hecho insólito: la captura de un barco por una fuerza de caballería. Una violenta bajante del Río de la Plata había dejado varado al buque inglés “Justine” y el jefe de la defensa, Santiago de Liniers ordenó atacar el barco a un grupo de jinetes al mando de Martín Güemes.

 

Tras la Revolución de Mayo, se incorporó al ejército patriota destinado al Alto Perú y formó parte de las tropas victoriosas en Suipacha. Regresó a Buenos Aires y colaboró en el sitio de Montevideo.

 

Pero Güemes no olvidaba su Salta natal, a la que volverá definitivamente en 1815. Gracias a su experiencia militar, pudo ponerse al frente de la resistencia a los realistas, organizando al pueblo de Salta y militarizando la provincia. El 15 de mayo de 1815 fue electo como gobernador de su provincia, cargo que ejercerá hasta 1820.

 

A fines de noviembre de 1815, tras ser derrotado en Sipe Sipe, Rondeau intentó quitarle 500 fusiles a los gauchos salteños. Güemes se negó terminantemente a desarmar a su provincia. El conflicto llegó a oídos del Director Supremo Álvarez Thomas quien decidió enviar una expedición al mando del coronel Domingo French para mediar en el conflicto y socorrer a las tropas varadas en el norte salteño a cargo de Rondeau, quién parecía más preocupado por escarmentar a Güemes y evitar el surgimiento de un nuevo Artigas en el Norte que por aunar fuerzas y preparar la resistencia frente al inminente avance español. Finalmente, el 22 de marzo de 1816 se llegó a un acuerdo: Salta seguiría con sus métodos de guerra gaucha bajo la conducción de Güemes y brindaría auxilio a las tropas enviadas desde Buenos Aires.

 

San Martín confirmó los valores que tenía en el campo de lucha y del sentido patriótico de este personaje ejemplar y que por fin ocupa un lugar importante en la historia argentina. “Los gauchos de Salta sólos están haciendo al enemigo una guerra de recursos tan terribles que lo han obligado a desprenderse de una división con el solo objeto de extraer mulas y ganado”.

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