Atlético Tucumán: la Copa Libertadores se tiñó de Celeste y Blanco

Cuando parecía que el partido se iba a desarrollar, normalmente como si fuera un partido más, apareció este inconveniente (¡Si! el del avión y la bendita documentación). Inmediatamente, un fanático desde asegura: “Esto seguro ocurre para que no vuelva a suceder algo parecido con Chapecoense“. Otro, con la piel de gallina y con la pasión que le salía por los poros, no quería saber nada y quería llegar a la cancha como sea para alentar a Atlético Tucumán.

En la previa del partido, tanto se hablo de federalismo, de que los medios de Capital Federal no les interesaba, en lo más mínimo, la cobertura del encuentro (renacieron de las cenizas Facundo Quiroga y Juan Manuel de Rosas). En ese análisis sucinto y, catalogados por algunos como adverso, salió a jugar Atlético Tucumán. Sin embargo, lo trascendental no ocurrió en la cancha, sino en la antesala.

El suspenso dominó y se hizo carne en los jugadores de Atlético Tucumán. Mientras más avanzaban los controles, los nervios se agudizaban. a Mario Leito le sonaban los teléfonos y no podía contener la respiración, dada la responsabilidad que tenía en sus manos. De repente, como si fuera un salvador, apareció en escena Luis Juez. Este político cordobés con su tono característico y su picardía hizo tambalear todo formalismo diplomático-estratégico planteado por la “retaguardia” ecuatoriana. En estos partidos, aseguraban los eruditos del fútbol, hacía falta picante, un poco de la garra rioplatense para lograr convulsionar las tierras que dejó el gran Simón Bolívar. Cuando todo hacía presagiar que Atlético se quedaba afuera del certamen, el conductor del ómnibus le puso primera para concretar no sólo el sueño de los tucumanos, sino de todo un país. La llegada del conjunto tucumano fue inolvidable: el apuro se hizo presente, los jugadores entraron rápidamente al vestuario y se calzaron la celeste y blanca. Una camiseta que quedó bien parada en suelo ecuatoriano y que hizo que un pueblo se transformara, aunque sea por 90 minutos, en el centro de atención sudamericano.  

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